¿Qué es realmente la enfermedad mental?

Más allá de las etiquetas de bipolar, depresivo o ansioso

¿Qué es la enfermedad mental? Es una pregunta compleja que nos plantea un desafío particular a los profesionales de la salud mental. A diferencia de otras especialidades médicas, los psicólogos y psiquiatras nos enfrentamos a un límite físico: no podemos observar la depresión bajo un microscopio ni tomar una radiografía de la ansiedad.

La enfermedad mental, más que una realidad objetiva y tangible, es un concepto. Es un mapa clínico en el que nos ponemos de acuerdo los profesionales para poder categorizar el sufrimiento humano. Esto no significa, bajo ninguna circunstancia, que el padecimiento sea un invento; el dolor y el malestar son profundamente reales. Sin embargo, es vital comprender que no funciona como una entidad externa y verificable, como ocurriría con una bacteria o la fractura de un hueso.

El origen de los diagnósticos: El manual DSM

Ante la dificultad para medir y observar directamente los trastornos de la mente, la Asociación Americana de Psiquiatría asumió la tarea de estandarizar los criterios. En 1952, desarrolló un sistema de clasificación para unificar los diagnósticos clínicos y establecer un lenguaje común para la investigación científica.

Así nació el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), una herramienta indispensable para la práctica, pero que, por su propia naturaleza conceptual, está lejos de ser infalible o inmutable.

Un mapa clínico en constante evolución

Construir este catálogo del comportamiento y la mente humana es una tarea viva, compleja y expuesta a los constantes sesgos de la época y a los avances de la ciencia. La historia de las actualizaciones del DSM es la prueba más clara de esta dificultad:

  • 1987: La homosexualidad: Fue solo hasta este año que se retiró por completo del manual la homosexualidad como un trastorno mental, corrigiendo un sesgo histórico y social que patologizaba la diversidad sexual.
  • 2013: El Síndrome de Asperger: En la versión más reciente del manual, se eliminó esta categoría diagnóstica independiente. Los investigadores concluyeron que el Asperger, el autismo tradicional y el Trastorno Generalizado del Desarrollo no eran entidades médicas separadas, sino que formaban parte de un mismo Espectro Autista, con variaciones en su gravedad y en las necesidades de apoyo de cada individuo.

Tu vida cotidiana importa más que el diagnóstico

«Un diagnóstico es una brújula de orientación para el terapeuta, nunca una identidad definitiva para el paciente.»

Llevar etiquetas como Bipolar, Depresivo o Ansioso puede resultar útil para entender ciertos procesos, pero se vuelve peligroso cuando la persona se mimetiza con el nombre de su trastorno.

En la consulta y en la terapia psicológica real, lo verdaderamente importante ocurre más allá de los manuales. El foco principal siempre debe ser identificar qué sucede en la cotidianidad de la persona: cómo experimenta su día a día, de qué manera el malestar bloquea sus proyectos y cómo afecta su vida y la de quienes la rodean. El objetivo final de la terapia no es clasificar al paciente en una página del DSM, sino ayudarle a recuperar su bienestar y su criterio para afrontar el mundo real.

La Asociación Británica de Psicología llama al cambio de paradigma en salud mental

tumblr_m0hlwgZwLx1rq5nq7o1_5001
Tras el anuncio del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (National Institute of Mental Health – NIMH) de dar la espalda a la clasificación del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders – DSM) y elaborar una nueva clasificación diagnóstica basada en marcadores objetivos y biológicos, la División de Psicología Clínica de la Asociación Británica de Psicología (British Psychological Society – BPS) aviva aún más la polémica mostrando su oposición a la aplicación del modelo biomédico para la comprensión de los trastornos mentales.

Con esta finalidad ha hecho pública, el pasado 13 de mayo de 2013, la Declaración de Posicionamiento sobre la clasificación de la conducta y la experiencia en relación con los diagnósticos psiquiátricos funcionales – es el momento de un cambio de paradigma (Position Statement on the Classification of Behaviour and Experience in relation to Functional Psychiatric Diagnoses – Time for a Paradigm Shift).

En dicho comunicado, la División de Psicología Clínica de la BPS realiza un llamamiento internacional para el abandono definitivo del modelo de “enfermedad y diagnóstico” en salud mental, manifestando que “es oportuno y apropiado afirmar públicamente que el actual sistema de clasificación diagnóstica, en el que se basan el DSM y el CIE, con respecto a los diagnósticos psiquiátricos funcionales, presenta limitaciones conceptuales y empíricas significativas. Por consiguiente, es necesario realizar un cambio de paradigma en relación con las experiencias a las que se refieren dichos diagnósticos, hacia un sistema conceptual que no esté basado en un modelo de enfermedad”.

Calificado en varios medios de comunicación como “una acción atrevida y sin precedentes para un colegio profesional”, el llamamiento de la División de Psicología Clínica de la BPS ha causado un gran revuelo en el campo de la medicina y ha sido portada de una de las publicaciones de mayor impacto en el Reino Unido, The Observer, un suplemento de la revista The Guardian, a través de una serie de artículos: Medicine’s big new battleground: does mental illness really exist? (Nuevo campo de batalla en la Medicina: ¿existe realmente la enfermedad mental?) y Psychiatrists under fire in mental health battle (Los psiquiatras bajo el fuego de la batalla en salud mental).

En resumen, si bien la División de Psicología Clínica de la BPS reconoce que un sistema de clasificación resulta fundamental en medicina para facilitar la comunicación, seleccionar la intervención, identificar la etiología, predecir los resultados y proporcionar una base para la investigación, no hay que olvidar que “para que sea eficaz debe ser un sistema fiable y válido” y no ser objeto de continuas revisiones que “ponen en evidencia su falta de validez”.

A este respecto, la División de Psicología Clínica de la BPS señala que los llamados diagnósticos “funcionales” –esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno de la personalidad, trastorno por déficit de atención, etc.- se presentan como una declaración objetiva de los hechos, pero son, en esencia, juicios clínicos basados en la observación y la interpretación de la conducta y del auto-informe del usuario, por lo que están sujetos a variaciones y sesgos, lo que limita su validez. Además, la División de Psicología Clínica de la BPS advierte que estas formas de clasificación generan perjuicios en la práctica clínica, tales como la creciente medicalización de los problemas de ansiedad y del comportamiento (cuyo impacto es mucho más grave en el caso de los niños y adolescentes), entre otros inconvenientes.

Por el contrario, existen pruebas concluyentes de que el sufrimiento humano es el resultado de una compleja combinación de factores psicológicos y sociales, argumenta la División de Psicología Clínica de la BPS, y la ciencia ha validado repetidamente la eficacia de la evaluación psicológica, la formulación psicológica y la intervención psicológica en el tratamiento de estos problemas donde la etiología psicosocial desempeña un papel crucial. En su Declaración, la División de Psicología Clínica de la BPS se posiciona a favor de la formulación psicológica (en vez del diagnóstico psiquiátrico) e insta a estrechar la colaboración entre los usuarios de los servicios de salud y los diferentes profesionales sanitarios para elaborar un sistema que tenga en cuenta el origen biopsicosocial del sufrimiento humano.

De esta manera, y tan sólo unos días antes de que se de a conocer el nuevo manual diagnóstico DSM-V, la Declaración de la División de Psicología Clínica de la BPS siembra el revuelo en el mundo científico, al igual que lo hizo el NIMH la semana pasada. No obstante, y si bien tanto el NIMH como la BPS ponen en duda la utilidad de las actuales clasificaciones en salud mental, existe una crucial diferencia entre ambas entidades. Mientras que el NIMH (así como un creciente grupo de eminentes psiquiatras que tampoco apoyan estos sistemas de clasificación) continúa empeñado en seguir el modelo biomédico a toda costa – mediante la búsqueda de biomarcadores inequívocos y partiendo de una postura muy poco científica que asume como verdadero algo que todavía la ciencia tiene que demostrar, esto es, que los trastornos mentales son trastornos biológicos -, la BPS considera que existe una clara justificación y necesidad para un cambio de paradigma en relación con los diagnósticos psiquiátricos funcionales, decantándose a favor de un enfoque multifactorial, que contextualice el malestar y la conducta, y que reconozca la complejidad de las interacciones implicadas en la experiencia humana.

Finalmente, en un intento de llegar a un entendimiento con todas las partes implicadas, la División de Psicología Clínica de la BPS aclara en su Declaración que “esta postura no debe interpretarse como una negación del papel de la biología a la hora de mediar y posibilitar las experiencias humanas, las conductas y el malestar en todas sus manifestaciones”, así como que tampoco pretende atacar a ninguna otra profesión sanitaria, sino a los modelos teóricos que se aplican en la comprensión de la naturaleza de los trastornos mentales.

Se puede acceder a la Declaración de la División de Psicología Clínica de la BPS en el siguiente enlace:
Position Statement on the Classification of Behaviour and Experience in Relation to Functional Psychiatric Diagnoses – Time for a Paradigm Shift

Fuente: Infocop España