Al amigo y maestro Antonio Vélez en su evolución a polvo de estrellas

William Álvarez, médico y coautor de Imperfecciones Corporales, escribe estas palabras ante la muerte de Antonio Vélez

Antonio Vélez es de los pocos profesores y escritores que ha enseñado el escepticismo como una postura de cuestionar afirmaciones hasta que haya pruebas empíricas suficientes, usando el método científico para investigar y verificar, no de negar por dudar ni de huida o parálisis, sino de buscar la verdad basándose en la duda metódica, el pensamiento crítico, la razón y la carga de la prueba. Enseñó, y sigue enseñando a través de sus escritos, que el escepticismo es una curiosidad que investiga y un motor para el avance, que requiere humildad y apertura para aceptar errores y la capacidad de reevaluar teorías ante nuevas evidencias, lo que es clave no solo para distinguir la ciencia genuina de la falsa, sino para refinar teorías existentes, sin dejar de reconocer que la certeza absoluta es imposible. 

Así, pues, Antonio con su frase de “escepticismo debe ser asignatura escolar” y sus libros Del big bang al Homo sapiens, Ensayos a contracorriente, Medicinas alternativas, Parapsicología ¿realidad, ficción o fraude? y Manual de ateología, entre otros libros y artículos, nos ha dejado a discreción que consideremos la misma curiosidad del niño que tanto a él lo caracterizó, y que muchos de los aquí presentes de pronto llevemos dentro, para que continuemos lo que antaño en Europa Bertrand Russel con su libro de Ensayos escépticos presentó como una reivindicación del escepticismo ante las tiranías y los fanatismos, máxime que hoy es lo que urgentemente requerimos, ya que no solo muy pocos como Antonio lo entendieron, practicaron e impulsaron, sino que estamos confrontando nuevas y peores opresiones, como son las redes sociales, el mercado libertino y mayores polarizaciones incluida la referente al Norte que ha dominado históricamente hasta el conocimiento, muchas veces invalidado saberes locales y estableciendo paradigmas estrechos y formas más sofisticadas de dominación.