El verdadero valor de la terapia psicológica

«Las historias son importantes. Pueden ser más importantes que cualquier otra cosa. Si transmiten la verdad».
Un monstruo viene a verme

Es una de las frases más repetidas en el ámbito de la salud mental: “Me encantaría ir a terapia, pero no tengo presupuesto”. Es una justificación comprensible a primera vista, pero si rascamos un poco la superficie, la realidad suele ser muy distinta.

Una sesión de terapia cuesta, en promedio, prácticamente lo mismo que una salida de viernes por la noche con amigos, una cena sencilla en un restaurante o un par de suscripciones a plataformas de streaming que acumulamos sin parpadear. La pregunta incómoda pero necesaria que debemos hacernos como profesionales y como pacientes es: ¿Realmente es un problema de dinero, o estamos usando el bolsillo como un escudo? Lo que hay de fondo, casi siempre, no es falta de recursos. Es miedo.

El peso de lo que preferimos ignorar

Ir al psicólogo no es un proceso cómodo. Implica desnudarse emocionalmente ante otro ser humano y, peor aún, ante uno mismo. Significa abrir cajones que llevamos años manteniendo cerrados con llave.

Cuando decidimos postergar la terapia, lo que realmente estamos evitando es:

  • Enfrentar nuestros fantasmas: Esos traumas del pasado que creemos haber superado pero que siguen dictando nuestras reacciones presentes.
  • Mirar nuestras frustraciones de frente: Aceptar que la vida que llevamos tal vez no es la que queríamos y que somos responsables de cambiarla.
  • Reconocer nuestros monstruos internos: El ego, la envidia, el miedo al abandono o la necesidad obsesiva de control.

Es mucho más fácil y placentero gastar ese dinero en una distracción de fin de semana que nos permita adormecer el malestar por unas horas, en lugar de invertirlo en un espacio que nos obligará a confrontarlo. También es más fácil quejarse.

El arte como espejo: «Un monstruo viene a verme»

Si quieres ver este proceso psicológico reflejado magistralmente en el arte, hay una película que recomiendo de forma obligatoria: “Un monstruo viene a verme” (A Monster Calls).

La historia nos presenta a Conor, un niño que está lidiando con la devastadora enfermedad terminal de su madre. Para soportar el dolor, su mente convoca a un monstruo gigantesco hecho de ramas y tierra que lo visita a la medianoche.

Lo interesante es que el monstruo no viene a salvarlo del dolor, ni a destruir a sus enemigos. Viene a obligarlo a contar su verdad. Viene a obligarlo a admitir ese pensamiento oscuro, humano y terrorífico que Conor guarda en lo más profundo de su ser y que se niega a aceptar por culpa y vergüenza.

Ese monstruo de la película actúa exactamente como el proceso terapéutico. El psicólogo no borra el dolor con una varita mágica; te acompaña a las profundidades de tu propia psique para que dejes de huir de tus verdades más incómodas. Solo cuando Conor confronta su temor más profundo, el monstruo se marcha y él encuentra la paz.

Un camino exclusivo para los valientes

Se necesita muchísimo coraje para aprender a vivir bien. Iniciar el proceso terapéutico requiere un primer impulso de valentía, pero mantenerse en él es lo que realmente marca la diferencia.

Muchos abandonan a las pocas sesiones, justo cuando el proceso deja de ser una simple catarsis de desahogo y empieza a tocar las fibras sensibles de la identidad. Por eso, conocerse a sí mismo no es un logro para cualquiera. Es un camino selecto:

  • Pocos toleran la incomodidad: El crecimiento personal duele. Cambiar patrones de conducta arraigados por años genera resistencia.
  • Pocos asumen la responsabilidad: Es más fácil culpar a los padres, a la pareja o al jefe que aceptar la propia cuota de responsabilidad en lo que nos pasa.
  • Pocos logran la verdadera autorregulación: Sostener el proceso hasta el final es lo que permite pasar de la queja a la transformación real.

La verdadera inversión

La próxima vez que pienses que la salud mental es «un lujo», analiza tus prioridades. Sanar no es una cuestión de capacidad económica, sino de disposición emocional. Los monstruos internos no desaparecen por ignorarlos; se hacen más grandes en la oscuridad.

Terminar con el autosabotaje y decidirse a vivir mejor es, sin duda, un acto de absoluto valor. ¿Te atreves a contar tu verdad?

La terapía psicológica: el arte de hablar y ser escuchado

Por qué ir a terapia psicológica puede cambiar nuestras vidas

¿Para qué sirve realmente ir al psicólogo? Es una pregunta completamente legítima que casi todo el mundo se ha hecho alguna vez antes de dar el primer paso hacia la terapia. La respuesta, aunque hoy se respalde en la ciencia moderna, nos conecta con un hábito profundamente humano y milenario.

El dispositivo de la palabra: Un mecanismo ancestral

En el siglo XXI, la psicología cuenta con importantes descubrimientos científicos que nos permiten identificar los problemas y trastornos con una precisión nunca antes vista. Sin embargo, a pesar de la tecnología y las neurociencias, el corazón de la terapia sigue siendo exactamente el mismo que hace siglos: el dispositivo de la palabra.

Conversar es una práctica casi tan antigua como la propia humanidad. El mecanismo terapéutico fundamental no ha cambiado en su esencia: se trata de pasar los pensamientos por la palabra para transformarlos.

Hablar organiza el caos mental

Quien ha vivido la experiencia de estar en terapia psicológica durante algún tiempo llega a una conclusión ineludible: hablar organiza los pensamientos.

Cuando las ideas, los temores o los recuerdos se quedan atrapados en la mente de forma abstracta, suelen sentirse caóticos y abrumadores. Al traducirlos a palabras, nos vemos obligados a estructurarlos, lo que genera un impacto inmediato en cómo los procesamos.

Iniciar un proceso psicoterapéutico te permite acceder a:

  • Un espacio seguro: Un entorno diseñado exclusivamente para que puedas revelar tus miedos, angustias y frustraciones sin temor a ser juzgado, criticado o etiquetado.
  • La verdadera dimensión de tus problemas: Al escuchar tus propios conflictos en voz alta y compartirlos, estos pierden su forma monstruosa. Nombrar lo que te pasa te permite ver tus desafíos en su escala real.
  • Capacidad de afrontamiento: Solo cuando logras quitarle el velo del misterio a lo que te asusta o te duele, te vuelves capaz de mirarlo de frente y trazar un camino para solucionarlo.

«La palabra es el puente entre el caos interno y la claridad. Cuando las angustias se nombran, empiezan a perder su poder sobre nosotros.»

El primer paso: Comenzar a hablar

Si en este momento de tu vida sientes que algo no va bien, que las emociones te desbordan o que tus pensamientos giran en un bucle sin salida, la alternativa más humana y efectiva sigue siendo la misma de siempre: comenzar a hablar.

El bienestar emocional no surge de aislarse con los problemas, sino de la valentía de ponerles voz en el escenario correcto.

¿Qué es realmente la enfermedad mental?

Más allá de las etiquetas de bipolar, depresivo o ansioso

¿Qué es la enfermedad mental? Es una pregunta compleja que nos plantea un desafío particular a los profesionales de la salud mental. A diferencia de otras especialidades médicas, los psicólogos y psiquiatras nos enfrentamos a un límite físico: no podemos observar la depresión bajo un microscopio ni tomar una radiografía de la ansiedad.

La enfermedad mental, más que una realidad objetiva y tangible, es un concepto. Es un mapa clínico en el que nos ponemos de acuerdo los profesionales para poder categorizar el sufrimiento humano. Esto no significa, bajo ninguna circunstancia, que el padecimiento sea un invento; el dolor y el malestar son profundamente reales. Sin embargo, es vital comprender que no funciona como una entidad externa y verificable, como ocurriría con una bacteria o la fractura de un hueso.

El origen de los diagnósticos: El manual DSM

Ante la dificultad para medir y observar directamente los trastornos de la mente, la Asociación Americana de Psiquiatría asumió la tarea de estandarizar los criterios. En 1952, desarrolló un sistema de clasificación para unificar los diagnósticos clínicos y establecer un lenguaje común para la investigación científica.

Así nació el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), una herramienta indispensable para la práctica, pero que, por su propia naturaleza conceptual, está lejos de ser infalible o inmutable.

Un mapa clínico en constante evolución

Construir este catálogo del comportamiento y la mente humana es una tarea viva, compleja y expuesta a los constantes sesgos de la época y a los avances de la ciencia. La historia de las actualizaciones del DSM es la prueba más clara de esta dificultad:

  • 1987: La homosexualidad: Fue solo hasta este año que se retiró por completo del manual la homosexualidad como un trastorno mental, corrigiendo un sesgo histórico y social que patologizaba la diversidad sexual.
  • 2013: El Síndrome de Asperger: En la versión más reciente del manual, se eliminó esta categoría diagnóstica independiente. Los investigadores concluyeron que el Asperger, el autismo tradicional y el Trastorno Generalizado del Desarrollo no eran entidades médicas separadas, sino que formaban parte de un mismo Espectro Autista, con variaciones en su gravedad y en las necesidades de apoyo de cada individuo.

Tu vida cotidiana importa más que el diagnóstico

«Un diagnóstico es una brújula de orientación para el terapeuta, nunca una identidad definitiva para el paciente.»

Llevar etiquetas como Bipolar, Depresivo o Ansioso puede resultar útil para entender ciertos procesos, pero se vuelve peligroso cuando la persona se mimetiza con el nombre de su trastorno.

En la consulta y en la terapia psicológica real, lo verdaderamente importante ocurre más allá de los manuales. El foco principal siempre debe ser identificar qué sucede en la cotidianidad de la persona: cómo experimenta su día a día, de qué manera el malestar bloquea sus proyectos y cómo afecta su vida y la de quienes la rodean. El objetivo final de la terapia no es clasificar al paciente en una página del DSM, sino ayudarle a recuperar su bienestar y su criterio para afrontar el mundo real.

Carlos Naranjo: Psicólogo y candidato al Senado, comprometido con la Salud Mental en Colombia

En un momento crucial para la política y la salud pública de Colombia, el psicólogo y fundador de PSICOSAPIENS, Carlos Naranjo se presenta como una voz comprometida con los cambios que tanto necesita la profesión y los derechos laborales de quienes se dedican al bienestar mental de la sociedad. Naranjo es candidato con el número 92 al Senado por la Coalición Ahora Colombia, conformada por los partidos Nuevo Liberalismo, MIRA y Dignidad & Compromiso, y su propuesta para el período 2026-2030 se centra en la defensa de los derechos laborales y la mejora del ejercicio profesional en el ámbito de la psicología y la salud mental.

1. Lucha contra la precarización laboral de psicólogos y profesionales de la salud

Uno de los pilares de la candidatura de Carlos Naranjo es la defensa de los derechos laborales de los psicólogos y demás profesionales de la salud en Colombia. La precarización laboral, que ha afectado a muchos trabajadores del área de la salud, se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo profesional y la estabilidad económica de quienes se dedican a mejorar la vida de los colombianos. El acceso limitado a oportunidades laborales, la falta de contratos justos y la inestabilidad en los espacios de trabajo, especialmente a través de Contratos de Prestación de Servicios con el sector público, son problemas que Naranjo busca resolver desde el Senado.

Su propuesta incluye el fortalecimiento de políticas públicas que promuevan la salud mental y la cultura ciudadana desde el Estado, y en consecuencia sea el mismo estado el que de ejemplo con contrataciones estables de psicólogos y otros profesionales del sector, asegurando que reciban condiciones de trabajo dignas. Además, Carlos Naranjo propone la implementación de programas que fomenten la creación de empleos de calidad dentro del sector de la salud mental, en coordinación con universidades y sector privado.

2. Regulación clara y efectiva para el ejercicio de la psicología

La profesión de psicología en Colombia ha sido históricamente sometida a un exceso de burocratización y procedimientos administrativos que dificultan el ejercicio adecuado de los profesionales. Muchos psicólogos se han visto obligados a enfrentar procesos largos, costosos y a veces innecesarios para poder certificar sus consultorios o cumplir con los requisitos legales, lo que genera una carga adicional que no se traduce en una mejora en la calidad del servicio.

Carlos Naranjo propone una reforma en la regulación del ejercicio profesional, buscando establecer una normativa que sea clara, efectiva y acorde con las realidades actuales de la psicología en Colombia, donde el trabajo remoto es cada vez más frecuente. Esto incluye la creación de protocolos menos burocráticos, más ágiles y accesibles, para que los psicólogos puedan abrir y gestionar sus consultorios sin trabas innecesarias, permitiendo una mayor flexibilidad y eficiencia en el servicio que ofrecen a la población.

3. Revisión de la Ley 1090 de 2006: Equidad y Justicia para los Profesionales de la Psicología

La Ley 1090 de 2006, que regula el ejercicio de la psicología en Colombia, ha sido un tema controversial. Si bien su objetivo es garantizar que solo los profesionales capacitados ejerzan la psicología, en la práctica ha creado una serie de barreras burocráticas que dificultan el cumplimiento de la ley por parte de quienes realmente están formados y preparados. Esta ley ha favorecido a aquellos que operan al margen de las regulaciones y ha puesto trabas innecesarias a quienes cumplen con los requisitos establecidos.

Carlos Naranjo se compromete a revisar esta ley, asegurando que los verdaderos profesionales de la psicología no se vean perjudicados por la burocracia. Su objetivo es crear una ley más justa que facilite el ejercicio de la profesión, sin permitir que aquellos que no cumplen con los estándares de formación y ética profesional sigan operando con facilidad. Para Naranjo, es fundamental que la psicología se ejerza con estándares claros y rigurosos, pero sin poner obstáculos innecesarios a los profesionales comprometidos con su vocación.

El compromiso de Naranjo con el futuro de la psicología

Carlos Naranjo no solo es un psicólogo con una sólida formación académica y experiencia profesional, sino también un líder comprometido con el bienestar de los colombianos. Su candidatura al Senado representa una oportunidad para mejorar la calidad de los servicios de salud mental en el país, fortalecer el reconocimiento de la psicología como una disciplina esencial para el desarrollo humano y proteger los derechos laborales de los profesionales que hacen posible este trabajo tan fundamental.

Si crees que es el momento de cambiar las condiciones laborales de los psicólogos y mejorar la regulación del ejercicio profesional en Colombia, tu apoyo a Carlos Naranjo es la clave para que esos cambios se hagan realidad. Con su experiencia y compromiso, Naranjo está listo para transformar la psicología en Colombia y asegurarse de que los profesionales de la salud mental puedan trabajar en un entorno digno y justo para todos.

Más información sobre sus propuestas en su sitio web oficial: www.carlosnaranjo.co