Cómo conocí a Antonio Vélez

Texto de Carlos Naranjo, psicólogo y amigo de Antonio Vélez, antes de la partida del profesor, matemático y divulgador científico

Corría el año 2006, después de buscar entre la escasa bibliografía al respecto, le pedí al profesor de psicología experimental que asesorara el trabajo de grado sobre psicología evolucionista que yo pretendía realizar para graduarme de psicólogo. Me recomendó mejor buscar a un señor llamado Antonio Vélez, escritor de un libro titulado del Big Bang al Homo Sapiens, “es tal vez una de las personas que más sabe de evolución en Latinoamérica”, me dijo. Ese mismo día fui a la biblioteca de la Universidad de Antioquia y descubrí que el tal Antonio Vélez era egresado de Ingeniería Eléctrica de la UPB, de la cual yo también era egresado como publicista.

En los días siguientes me comuniqué con la oficina de egresados de la UPB donde curiosamente tenían actualizado el teléfono de Antonio. Marqué al número que me dieron y la voz de una mujer al otro lado de la línea me pidió esperar un momento mientras decía: “Don Antonio, lo necesitan al teléfono”. Antonio pasó a los pocos segundos, me presenté y le expliqué que era un estudiante de psicología que estaba planteando el trabajo de grado desde la perspectiva de la teoría de la evolución y necesitaba un asesor. Quedamos en vernos en la Universidad EAFIT, donde él trabajaba como profesor del Departamento de Desarrollo Estudiantil, para hablar personalmente.

Aún recuerdo esa mañana, yo sentado en una de las bancas de la cafetería de EAFIT, esperando a que apareciera Antonio. Llegó con varios papeles en la mano y me saludó muy amablemente. Comencé pidiéndole indulgencia con mi poco conocimiento sobre Darwin y la Teoría de la Evolución. Le conté que estaba investigando sobre un fenómeno natural llamado Efecto Westermarck que desestimula las relaciones incestuosas entre parientes, de todas las especies, y sus implicaciones psicológicas para la teoría psicoanalítica del Complejo de Edipo. Me sorprendió su conocimiento del tema. De hecho él ya lo había tratado tangencialmente en otro de sus libros llamado Homo Sapiens.

Me dijo que le interesaba el tema y que no tenía problema en asesorar mi trabajo de grado pues él también quería investigar y aprender más sobre este fenómeno. Su humildad y generosidad con el conocimiento, también me sorprendieron, nunca mostró esas ínfulas de superioridad, tan comunes en nuestro medio, cuando se conoce bien un tema. Quedamos en comenzar reunirnos los viernes en la mañana en su apartamento de la Loma de los Balsos en Medellín y así lo hicimos durante más de medio año, dando como resultado mi trabajo de grado titulado El Efecto Westermarck y el Complejo de Edipo: una perspectiva evolucionista, el cual sirvió además para un artículo de revista y una presentación en las Jornadas de Psicología de la Universidad, no sin controversia, por supuesto.

Pero el principal resultado de estos encuentros no fue mi trabajo de grado sino la amistad que me unió con Antonio. Las reuniones no terminaron con mi grado, al que Antonio me acompañó. Seguimos reuniéndonos con frecuencia, ya no solo Antonio y yo, sino también un pequeño grupo de amigos psicólogos que encontramos en él a un hombre amable, cordial y sobre todo con una curiosidad intelectual estimulante. El “Carl Sagan” colombiano he dicho muchas veces, cuando me preguntan quién es. Sus conocimientos abrieron un nuevo horizonte para el pensamiento de muchos en nuestro medio y seguro o seguirán haciendo a través de sus obras. La academia en Colombia e Iberoamérica tiene una deuda con la difusión de la producción intelectual de mi amigo Antonio Vélez. Gracias querido Antonio, muchas gracias, siempre.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.